Hoy os dejo uno de esos relatos que tanto me gusta escribir, de palabras y gente de mar.

***

El anciano tenía pequeña estatura, una piel morena recorrida por infinitas arrugas, él solía contar que cada arruga era un recuerdo por alguna aventura vivida, decía que su pelo cano no era cosa de la edad, pues narraba que en su juventud, siendo cazador de ballenas se llevó un gran susto al caer en las heladas aguas del pacífico, por suerte el incidente sólo le había dejado las canas y su primera arruga, sus vivos ojos azules brillaban de emoción cada vez que contaba su historia.

***

No olvidéis comentar y compartir en las redes sociales.
Textos por Diana Colomer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *