Un cuento de reinas, belleza y desierto.

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Érase una vez una reina de un lejano país, reinaba en el desierto más grande del mundo y se tenía por la mujer más hermosa del lugar. Un día salió de palacio y descubrió un oasis cercano y en él una pequeña charca, se acercó para contemplarse y al reflejarse descubrió que en realidad su rostro no era demasiado agraciado, su universo se tambaleó ¿Qué iba a hacer ahora?

Pasó días encerrada en su palacio, se planteó expulsar del país a todas las mujeres más bellas que ella, pero entendió que pronto la escasa población del desierto desaparecería. Tras mucho meditar ordenó construir pozos en todos los oasis que tuviesen charcas tan inoportunas como aquella, de forma que ninguna mujer pudiese mirar su propio reflejo y si alguna incauta se atreviese a buscarlo en las aguas del pozo su destino podría ser fatal, corriendo el riesgo de ahogarse en él.

La reina estaba orgullosa de su decisión, varios días duraron los festejos que preparó para ella misma, banquetes de abundante comida y bebida, acompañados de bailes. Su mentira, aquella fantasía que había inventado sobre su belleza podría seguir existiendo, sin mujeres que pudiesen compararse con ella seguiría siendo la más bella del desierto, lo que la reina no sabía es que eran precisamente ese tipo de acciones las que día a día volvían su rostro más y más desagradable.

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Textos por Diana Colomer.

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