Camino del destierro

El Rey destierra al Cid.

El Cid, Don Rodrigo Díaz de Vivar, reúne a sus vasallos, amigos y familiares, para comunicarles que el Rey le obligaba a salir del reino en nueve días, les pregunta quién de ellos le acompañarán. Álvar Fáñez, primo del Cid, le contesta que todos irán con él.

Cuando el Cid recoge sus bienes salen de Vivar camino de Burgos derramando abundantes lágrimas.

Cuando llegan a Burgos la gente sale a verles desde sus ventanas, con tristeza todos repiten la frase “¡Qué buen vasallo, si tuviera buen señor!” pero nadie abrió sus puertas al Cid y a los suyos, fue una niña de nueve años quién por fin salió y comunicó que el día anterior el Rey Alfonso había mandado el día anterior una carta bien custodiada y sellada, dónde advertía a los ciudadanos que quien abriese las puertas de su casa al Cid y a los suyos perdería sus bienes y hasta los ojos de la cara.

Al conocer esto Don Rodrigo y los suyos salieron de la ciudad, después de rezar una oración, y cruzaron el río Arlanzón, donde acamparon para pasar la noche. Aunque el Rey había prohibido también dar alimento al Cid apareció Martín Antolínez con pan y vino para todos los que allí acampaban.

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