Camino del destierro

El Rey destierra al Cid.

El Cid, Don Rodrigo Díaz de Vivar, reúne a sus vasallos, amigos y familiares, para comunicarles que el Rey le obligaba a salir del reino en nueve días, les pregunta quién de ellos le acompañarán. Álvar Fáñez, primo del Cid, le contesta que todos irán con él.

Cuando el Cid recoge sus bienes salen de Vivar camino de Burgos derramando abundantes lágrimas.

Cuando llegan a Burgos la gente sale a verles desde sus ventanas, con tristeza todos repiten la frase “¡Qué buen vasallo, si tuviera buen señor!” pero nadie abrió sus puertas al Cid y a los suyos, fue una niña de nueve años quién por fin salió y comunicó que el día anterior el Rey Alfonso había mandado el día anterior una carta bien custodiada y sellada, dónde advertía a los ciudadanos que quien abriese las puertas de su casa al Cid y a los suyos perdería sus bienes y hasta los ojos de la cara.

Al conocer esto Don Rodrigo y los suyos salieron de la ciudad, después de rezar una oración, y cruzaron el río Arlanzón, donde acamparon para pasar la noche. Aunque el Rey había prohibido también dar alimento al Cid apareció Martín Antolínez con pan y vino para todos los que allí acampaban.

Martín Antolínez pide unirse al Campeador, pues al haberle ayudado no puede permanecer en el reino.

Esa misma noche Martín Antolínez y el Cid traman un plan para conseguir dinero, preparan dos arcas llenas de arena y cubiertas por pieles y adornos que hacen pasar por arcas llenas de riquezas a dos judíos de Burgos, Raquel y Vidas, estos guardaran las arcas al Cid durante un año, a cambio le darán al Cid seiscientos marcos, pasado ese año el Cid les pagaría con intereses. Por la noche retiran los judíos las arcas del campamento con la ayuda de Martín Antolínez quién también recibe treinta marcos por la ayuda al hacer el trato.

Antes del amanecer el Cid y los suyos marchan hacia San Pedro, donde están la mujer y las hijas de Don Rodrigo el Cid, Martín Antolínez volvió a Burgos a aconsejar a su mujer antes de su partida, se encontraría más tarde con el Cid.

Al llegar a San Pedro el abad don Sancho acogió al Cid, allí estaba su esposa doña Jimena y sus dos hijas. Don Rodrigo da cincuenta marcos al abad y deja cien más para que el abad cuide de su mujer y sus hijas por un año, prometiendo que a cambio daría cuatro veces más al monasterio. El Cid descansa y comen en el monasterio.

Ciento quince hombres más se unen allí al Cid en su destierro, Rodrigo les da parte del dinero y les comunica que partirán al alba, después de la misa. La siguiente noche la pasan en Espinazo de Can donde vuelven a unirse más hombres a él, siguen su camino para abandonar el reino, pasando el Duero donde más gente se une. El Cid tiene un sueño con el ángel Gabriel quien le da el mensaje de que todo saldrá bien. En el último día de plazo para abandonar el reino el Cid cuenta trescientos caballeros en su compañía más algunos hombres a pie.

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El Cid conquista Castejón.

Avanzan de noche por el bosque para no ser descubiertos y llegan a Castejón y allí preparan una emboscada. ElCid queda en retaguardia en la compañía de cien hombres al tiempo que Álvarez Fañez entra en Castejón con doscientos hombres.

Cuando amanece la gente de Castejón sale al campo a trabajar y aprovecha el Cid para apresar musulmanes, mata a algunos y entra a la ciudad que queda conquistada por el Cid y sus hombres. Los hombres que le acompañan recogen las riquezas de la ciudad y se las entregan al Cid, mientras otros doscientos hombres recorren las tierras y traen al Cid ganado, ropa y riquezas. Reparten todo el botín entre los caballeros y el Cid se queda con la quinta (quinta parte que suele entregarse al Rey) que vende a los musulmanes por tresmil marcos de plata. Liberan a los prisioneros musulmanes y parten a la mañana siguiente, pues el Rey Alfonso está muy cerca de Castejón.

El Cid conquista y defiende Alcocer.

Marchan del castillo hasta una loma cerca de Alcocer, donde acampan frente al río. El castillo de Alcocer debia parar parias pero al no hacerlo el Cid les tiende una trampa. Se acerca al castillo y consigue que salgan a por él, es entonces cuando los hombres del Cid atacan y empieza la batalla en la que caen trescientos musulmanes.

Don Rodrigo y Álvar Fañez avanzan hacia el castillo, seguidos por los demás, donde poenen su bandera y liberan a los musulmanes que quedan y se unen a ellos.

A los de Ateca y Terrer no les gusta esta victoria del Cid, por lo que mandan una carta al Rey de Valencia, quien desde allí manda a tresmil musulmanes a luchar contra el Cid, a los que se unirán algunos más en el camino.

Sitian al Cid en Alcocer.

Los musulmanes llegan a Alcocer y sitian al Cid y a sus hombres. Se van quedando sin agua, así pasan tres semanas. El Cid echa del Castillo a los musulmanes que allí quedaban y a la mañana siguiente ya armados salen del Castillo.

Hay una gran batalla, Pedro Bermúdez sale adelantado a luchar contra los musulmanes, en mitad de la batalla Minaya Álvar Fañez pierde el caballo y el Cid consigue el caballo de un jefe enemigo para él. Fue una batalla sangrienta que ganan los que están del lado del Cid.

Se reparten las riquezas y los caballos del bando contrario. El Cid manda a Minaya a entregarle al Rey Alfonso treinta caballos como regalo y le ponga al día de la batalla y su victoria. También se manda dinero al monasterio donde permanecen la mujer y las hijas del Cid.

Siguen las conquistas del Cid.

El Cid vende Alcocer por tresmil marcos de plata. Rodrigo se marcha por el río Jalón y cobra parias a los próximos territorios, Daroca, Molina y Teruel.

Mientras esto ocurre Minaya llega a Castilla y entrega al Rey el regalo del Cid, el Rey Alfonso devuelve sus honores a Minaya, pero no a Rodrigo, aunque deja libertad a los hombres del reino para unirse al Cid.

Hasta Zaragoza llegaban noticias de las victorias del Cid, hasta que llega allí y también cobra las parias. Llega entonces Minaya con noticias del Rey y de las familias de los hombres del Cid, también de la mujer e hijas de este, pues ha pasado por el monasterio. Todo el ejército esta feliz, siguieron cobrando parias y saqueando.

El Cid se enfrenta al Conde de Barcelona.

Al conde de Barcelona no le gusta la repercusión que está teniendo el Cid y decide enfrentarse a él en persona. El conde Don Ramón prepara un ejército formado por musulmanes y cristianos, armados se enfrentan al Campeador. La batalla tiene lugar en el pinar de Tévar, pero los hombres del Cid van mejor equipados.

Los del Cid ganan la batalla y apresan al conde Ramón, el Cid se queda con la espada Colada valorada en más de mil marcos de plata. El cautivo conde se niega a comer durante tres días, pero el Cid le ofrece la libertad a cambio de que coma y beba, así lo hace el conde y queda agradecido al Cid de por vida.

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